Charles, de diez años, paseaba con sus padres cerca de un lago rodeado de bosque virgen. No había casas, muelles ni barcos en las inmediaciones. Entre los juncos y las hojas húmedas, el niño vio de repente un cable grueso y oscuro que se sumergía directamente en el agua.
Tiró de él, pero el cable no cedía. Charles reunió todas sus fuerzas y dio otro tirón seco. Algo pesado se movió bajo el agua. Sus padres acudieron a ayudarle y tres excursionistas que pasaban por allí se unieron a la tarea.
Mientras empezaban a tirar del cable, el agua cerca de la orilla se enturbió y un objeto metálico emergió de las profundidades. En ese instante, uno de los excursionistas hizo que todos se detuvieran bruscamente.
El hombre era un antiguo voluntario de equipos de búsqueda y rescate. Había distinguido bajo el agua la silueta de un ala metálica y una rueda cromada. Advirtió que seguir tirando era peligroso: el objeto desconocido podía volcar, sufrir daños o destruir pruebas cruciales.
Llamó a la policía.
Poco después llegaron los buzos. A la luz de sus linternas, descubrieron en el fondo del lago un faro grande y antiguo con el borde cromado. Luego se produjo un hallazgo increíble: un coche reposaba en la pendiente del lago, con el cable enrollado deliberadamente alrededor de su parte delantera.
Sacaron el coche a la superficie. Una vez retirado el limo, los investigadores vieron un escudo amarillo muy conocido que mostraba un caballo negro encabritado.

Era un Ferrari.
Pero la revelación más sorprendente llegó cuando comprobaron el número de motor. El coche pertenecía a Vincent Rollins, un famoso actor de Hollywood que había desaparecido sin dejar rastro años atrás, junto con su deportivo.
Su desaparición había desatado innumerables rumores, que iban desde el robo y el asesinato hasta una huida secreta al extranjero. Ahora resultaba que su Ferrari había estado todo el tiempo en el fondo de un lago olvidado en el bosque. Dentro del coche se encontraron las pertenencias personales del actor: una lata metálica de película dañada con sus iniciales, una cartera vieja y una tarjeta llave de hotel con una fecha que coincidía con el momento de su desaparición.
Sin embargo, no se encontró ningún cuerpo dentro del vehículo.
Ni siquiera tras una búsqueda exhaustiva del fondo del lago se descubrieron restos humanos.
Los investigadores barajaron dos teorías. La primera hipótesis era que Rollins había sido víctima de un delito: alguien había utilizado un cable para hundir el coche en el lago con el fin de destruir pruebas.

Pero también existía una teoría mucho más misteriosa.
Es posible que el actor hubiera fingido su propia muerte. Al dejar sus pertenencias en el coche y hundir un símbolo de su famosa vida, podría haber desaparecido para empezar de nuevo bajo otra identidad.
El lago había devuelto el Ferrari y algunas pistas, pero no resolvía la cuestión principal.