Imagínate estar a gran altura en la cesta de un globo aerostático, con tus amigos cerca. De repente, uno de ellos se quita el equipo de seguridad, se deshace de su paracaídas y… lo lanza al vacío.
Así fue como el finlandés Antti Pendikainen, aficionado a los deportes extremos, decidió sorprender a sus amigos.
Mientras el globo estaba muy alto, Antti, de 25 años, se quitó repentinamente su único paracaídas y lo lanzó en caída libre. Durante unos segundos, sus amigos no pudieron comprender lo que había sucedido.
Entonces, el hombre, prácticamente desnudo, se puso unas gafas protectoras, miró a la cámara y se preparó para hacer algo que, desde fuera, parecía una auténtica locura.
Saltó del borde de la cesta.

A casi 200 kilómetros por hora.
Antti comenzó a ganar velocidad rápidamente. Su cuerpo cayó a aproximadamente 193 km/h. No llevaba paracaídas ni traje especial; solo gafas y ropa mínima.
Para un observador casual, parecía un desastre total.
Pero Antti no tenía intención de entrar en pánico.
Este salto no era una acrobacia espontánea. El atleta se había estado preparando para tal experimento durante mucho tiempo. Su objetivo era experimentar la máxima caída libre posible sin el pesado equipo que suele llevar un paracaidista.
Sin embargo, en caída libre es imposible detenerse o hacer una pausa. Con cada segundo, el suelo se acercaba más.
Mientras tanto, sus dos amigos saltaron tras él. A diferencia de Antti, ellos sí llevaban paracaídas.
Su tarea era extremadamente difícil: atrapar al hombre que caía, igualar su velocidad, sujetarlo en el aire y solo entonces abrir sus paracaídas.
Pero el plan casi terminó en tragedia.

A unos 3000 metros de altura, los tres se encontraron atrapados en una densa nube. Una bruma blanca les impidió ver con claridad, y Antti prácticamente desapareció.
Uno de sus amigos siguió buscando, guiándose principalmente por sus propios movimientos e intentando distinguir al menos la silueta del atleta que caía.
Finalmente, logró acercarse. Agarró a Antti por la cintura y aseguró el mosquetón de rescate.
Casi inmediatamente después, se abrió un paracaídas sobre ellos. Una sacudida repentina frenó su caída y, poco después, ambos aterrizaron sanos y salvos.
Antti, al parecer, se tomó la experiencia con mucha más calma que sus amigos. Tras aterrizar, simplemente recuperó el aliento y, en lugar de expresar miedo, se quejó de que el salto extremo había terminado demasiado rápido.
El vídeo de esta increíble hazaña se hizo viral, convirtiendo el peligroso experimento del atleta finlandés en una de las historias más comentadas de los deportes extremos.