En el Mar Báltico se produjo un incidente alarmante con una ballena jorobada: el animal debilitado, que había sido arrastrado varias veces a la costa, fue devuelto a mar abierto durante el fin de semana. Sin embargo, se desconoce su ubicación futura: el sensor GPS instalado en el cuerpo de la ballena no transmite las coordenadas como estaba previsto. Según una de las patrocinadoras de la iniciativa privada, Karin Walter-Mommert, sólo se reciben señales de signos vitales, lo que sugiere que la ballena todavía está viva. Sin embargo, todavía no es posible confirmar estos datos a partir de fuentes independientes.
La falta de coordenadas puede explicarse por el hecho de que estos sensores sólo funcionan cuando el animal sube a la superficie. Si la ballena muere y permanece en profundidad, no se transmitirá ninguna señal de posición. Los expertos han señalado anteriormente que las posibilidades de supervivencia de un animal gravemente desnutrido son extremadamente bajas. En caso de muerte, es probable que el cuerpo no flote hacia la superficie debido a la presión del agua en la profundidad, aunque a medida que se acerca a la orilla, puede ser arrastrado hasta la orilla.
Tras la operación para liberar a la ballena, quedan muchas preguntas. Los barcos Fortuna B y Robin Hood, que participaron en el transporte, abandonaron el domingo la zona de Skagerrak, donde el animal fue liberado a unos 70 kilómetros de Skagen. Los detalles del procedimiento en sí no se divulgan ni hay material de video, lo que confunde al público.
El ministro de Medio Ambiente de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, Till Backhaus, dijo que la barcaza debería haber tenido instalado un sistema de videovigilancia para permitir a los veterinarios controlar el estado de la ballena, pero no se hizo. Los representantes de la iniciativa privada, por el contrario, afirman que no participaron en la liberación directa del animal y atribuyen la responsabilidad a la tripulación del barco.
Según ellos, el único representante del proyecto a bordo en el momento de la liberación era Jeffrey Foster del Whale Sanctuary Project. Dijo que a sus colegas no se les permitió subir a la barcaza la mañana antes de la liberación, por lo que no fue posible evaluar el estado de la ballena inmediatamente antes.
Tampoco está claro exactamente cómo fue devuelto el animal al agua y si sufrió lesiones adicionales. Anteriormente aparecieron imágenes que mostraban a la ballena atada por la cola, lo que, según los biólogos marinos, es categóricamente inaceptable y puede causar graves daños.
Según la naviera, la operación fue exitosa y se llevó a cabo teniendo en cuenta la seguridad de la tripulación y del animal. Se observa que durante el transporte, la ballena golpeó repetidamente las paredes de la barcaza debido a las fuertes condiciones del mar.
A pesar de que le quitaron las redes restrictivas, la ballena permaneció dentro de la barcaza durante mucho tiempo, lo que, según los expertos, puede indicar un agotamiento extremo y falta de fuerza para moverse activamente.
Por el momento se desconoce la suerte que corrió el animal. Sin datos de GPS, es imposible rastrear su ruta y la historia de esta ballena puede quedar sin una respuesta final.