Ingenieros resuelven el misterio del Monte Rushmore: el descubrimiento cambió nuestra visión de la historia

En 1925, el escultor Gutzon Borglum se plantó frente a un acantilado de granito con una idea que parecía descabellada. No solo quería esculpir figuras en la roca, sino que su objetivo era mucho más ambicioso: crear gigantescos retratos de presidentes allí mismo, en la roca. Esto requería una precisión increíble: transformar una pequeña maqueta en rostros de casi 18 metros de altura, sin tecnología moderna ni margen de error.

A principios del siglo XX, Dakota del Sur atravesaba una crisis económica. El historiador Don Robinson propuso un gran proyecto que atraería turistas y revitalizaría la región. Inicialmente, la idea era representar a héroes del Viejo Oeste, pero Borglum insistió en imágenes presidenciales, transformando el proyecto en un símbolo de importancia nacional.

Cuando la construcción comenzó en 1927, la Gran Depresión no tardó en llegar. Para cientos de personas, trabajar en la montaña se convirtió en su única fuente de ingresos. Entre ellos había mineros y campesinos, dispuestos a trabajar arduamente por salarios modestos, arriesgando sus vidas en las alturas y manejando herramientas pesadas.

Antes de esculpir los rostros, la montaña misma debía prepararse. Se construyeron caminos, talleres y viviendas, y una larga escalera de madera que conducía hacia arriba. Los ingenieros instalaron kilómetros de tuberías para suministrar aire a las herramientas. A pesar de las peligrosas condiciones, ningún trabajador perdió la vida durante todo el proyecto.

La precisión era fundamental. Borglum desarrolló un dispositivo de medición especial que permitía transferir las coordenadas del modelo a la roca a una escala ampliada. Los trabajadores perforaban agujeros siguiendo un patrón predeterminado, creando una estructura que permitía retirar el exceso de piedra con la máxima precisión. Esto se convirtió en una combinación única de ingeniería y arte.

Se prestó especial atención a los ojos. El escultor se esforzó por crear la impresión de una mirada «viva». Para lograrlo, se utilizaron huecos y áreas pulidas para reflejar la luz. Trabajar en estas áreas era particularmente arriesgado, pero fue precisamente esto lo que otorgó a los rostros su expresividad.

Borglum planeaba crear figuras de medio cuerpo y un archivo oculto que contuviera los documentos más importantes del país. Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial y su muerte en 1941 detuvieron el proyecto. La financiación se agotó y la obra se completó en su forma actual.

Hoy, el Monte Rushmore sigue siendo no solo un símbolo del país, sino también un monumento a la perseverancia humana, fruto del trabajo de cientos de personas que lograron lo casi imposible.