Encontré esta serpiente en mi jardín… Pero cuando el veterinario la vio, palideció y gritó: «¡Llamen a una ambulancia inmediatamente!»

Llevaba años cuidando mi jardín y estaba seguro de que ya nada podía sorprenderme. Durante ese tiempo, desenterré ratas y ahuyenté serpientes. Pero un día, justo al lado del parterre, vi una extraña criatura acurrucada en la hierba.

Al principio, pensé que era una serpiente pequeña normal. Sin embargo, al acercarme, me quedé atónito: tenía patas delanteras diminutas, como si nunca se hubieran formado del todo. Parecía tan inusual que supe que algo andaba mal.

Guardé con cuidado el hallazgo en un frasco y fui al veterinario. En la clínica, el auxiliar, al ver el contenido, me condujo rápidamente a la consulta. El Dr. Allen no tardó en aparecer. Miró a la criatura y su expresión cambió al instante. «Necesitamos averiguar qué es esto urgentemente», dijo con ansiedad.

El médico comenzó a examinar el hallazgo bajo una lámpara brillante y luego cogió una lupa. La sala se sumió en el silencio y la tensión. Me preguntó: ¿dónde lo encontré?, ¿era solo una criatura?, ¿cómo se comportaba? Le expliqué que lo encontré cerca de unas rosas, medio enterrado en la tierra.

Al cabo de un rato, el médico dijo: «A menudo se confunden con serpientes, pero esta no lo es». Lo miré sorprendido. «Las serpientes ni siquiera tienen extremidades tan pequeñas. Pero los lagartos sin patas sí». Poco a poco, todo se fue aclarando. La asistente Sarah empezó a buscar en internet imágenes de reptiles similares.

Comparamos fotos y el parecido era sorprendente. El médico contactó con un herpetólogo conocido y le envió fotos del hallazgo. Solo quedaba esperar una respuesta. Cuando sonó el teléfono, lo vi claro: se trataba de una especie rara de lagarto sin patas, fácil de confundir con una serpiente. El ambiente en la consulta cambió de inmediato.

Ya no era un hallazgo extraño, sino un ejemplar excepcional de la naturaleza. Al poco tiempo, llegaron a la clínica especialistas de una organización conservacionista. Confirmaron la conclusión del veterinario y decidieron llevarse al animal para garantizar su seguridad.

Al marcharse, me dijeron que me mantendrían informado.

Regresé a casa pensando en cómo un paseo cualquiera por el jardín se había convertido en una historia inesperada sobre el cuidado y la atención plena a la naturaleza.