Investigadores australianos han llegado a conclusiones que podrían preocupar a millones de personas que se han recuperado del coronavirus. Nuevos datos indican que la infección puede causar cambios duraderos en el cerebro, incluso en quienes experimentaron la enfermedad sin síntomas.
Aunque la pandemia ha terminado oficialmente y la mayoría de las personas que se recuperaron han vuelto a sus rutinas habituales desde hace tiempo, los expertos están evaluando si el cuerpo se recupera completamente de la COVID-19. Científicos de un centro de investigación australiano han cuestionado esta creencia común.
El virus afecta más que solo los pulmones.
Un equipo de investigadores se propuso una tarea importante: utilizar técnicas modernas de imagenología médica para estudiar el cerebro de las personas después de la infección. Los resultados se compararon con los datos de un grupo de control cuyos miembros nunca habían sido infectados con el coronavirus.
Los resultados fueron inesperados. Resultó que la COVID-19 afecta más que solo el sistema respiratorio. Científicos de la Universidad Griffith utilizaron tecnología de escaneo de alta precisión para evaluar el estado del tejido nervioso. El Dr. Kiran Thapaliya, líder del estudio, presentó los resultados en una revista científica especializada dedicada a la interacción entre el cerebro y el sistema inmunitario.
El análisis se centró en las áreas responsables de la memoria, el pensamiento y el funcionamiento general del sistema nervioso. Se examinaron tanto la materia gris como la blanca. En todos los casos, se registraron diferencias significativas entre los grupos.
La técnica utilizada reveló cambios en los procesos químicos que subyacen a la señalización nerviosa. También se detectaron anomalías estructurales y desviaciones en la intensidad de la actividad neuronal.
El efecto es duradero.
Lo más preocupante para los especialistas fue que estos cambios no solo se observaron en personas con la llamada «COVID persistente». También se encontraron anomalías similares en participantes que se consideraban completamente sanos y no reportaron ningún problema de salud. Los hallazgos podrían explicar por qué algunos pacientes recuperados experimentan deterioro de la memoria, la concentración y la función cognitiva meses o incluso años después de la infección.
Científicos australianos han concluido que el coronavirus puede dejar una huella duradera en uno de los órganos humanos más importantes: el cerebro. Este descubrimiento amplía nuestra comprensión del impacto de la pandemia y podría desempeñar un papel clave en el estudio de los efectos del virus en el sistema nervioso.