Cuando los padres de Richard se mudaron a una nueva ciudad a mitad de la escuela, tuvo que cambiar de colegio.
Siendo un adolescente tímido y reservado, le costaba encajar con sus compañeros. Todas sus amistades se habían formado hacía tiempo, y una nueva cara parecía irrelevante. Richard se convirtió así en blanco fácil de burlas y acoso constantes.
Pasaron los años, pero la actitud hacia él permaneció prácticamente inalterada. Entonces, sin que nadie se diera cuenta, se acercó el baile de graduación, un evento con el que casi todos los estudiantes de preparatoria sueñan.
Richard también quería invitar a tres chicas al baile de graduación y decidió invitarlas a todas a la vez, no para presumir, sino con la esperanza de que al menos una aceptara y no estuviera solo.
Primero se acercó a Millie, una chica amable y comprensiva. Ella se sorprendió genuinamente con su invitación, y aunque su corazón le decía que aceptara, el miedo a perder su estatus en el colegio le impidió decir que sí. Las otras dos chicas también lo rechazaron, y los rumores sobre sus insinuaciones se extendieron rápidamente por toda la escuela. Al día siguiente, un grupo de acosadores ya había preparado toda una serie de burlas para arruinarle la vida a Richard por completo. Pero fue entonces cuando faltó a clase por primera vez en mucho tiempo. Esto alarmó incluso a quienes solían burlarse de él.
Conscientes de su fascinación por la tecnología, los estudiantes decidieron buscarlo en varios foros. Allí, una de ellas, Shirley, se topó con la publicación de un joven preocupado por el rechazo antes del baile de graduación. Le respondió con un nombre falso, inicialmente para asegurarse de que era él, pero la correspondencia la cautivó inesperadamente.
Tras unos días de comunicación, ya soñaba con conocer a este misterioso interlocutor. Quedaron en verse en el parque al mediodía. Shirley lo esperó dos horas, pero nunca apareció. Y cuando llegó a casa, un mensaje la esperaba:
«Shirley, sé quién eres. Soy Richard. No me busques. No voy a volver a la escuela».
Shirley estaba cada vez más ansiosa: ¿aparecería al baile de graduación? Llegó la noche del baile. Los chicos se lo pasaban genial, como si el incidente hubiera sido olvidado. Solo Shirley no podía dejar de pensar en él.
Y de repente, un deportivo caro llegó a la escuela. Cuando Richard salió, todo el salón se quedó atónito. Pero aún más impactante fue el hecho de que hubiera venido con su abuela.
Algo en su gesto era conmovedor y noble, y la actitud de los chicos hacia él cambió al instante. Durante toda la noche, él y su abuela fueron tratados con respeto, y Shirley apenas pudo contener las lágrimas de alivio.
Después de bailar con su abuela, Richard se acercó a Shirley y la invitó a bailar un baile lento. Hablaron largo y tendido, y él admitió que lamentaba profundamente su desaparición.
Después de algunas citas, se convirtieron en pareja. Richard no sólo encontró el amor, sino que inesperadamente se convirtió en uno de los estudiantes más respetados de la escuela, gracias a su buen corazón y honestidad.